Vegetarianos versus veganos, Parte II

Si viviera en el campo y pudiera tener gallinas que me dieran huevos, vacas que me dieran leche y ovejas que me dieran lana, creo que no tendría reparos en hacerlas parte de mi familia. Sin duda les pondría un nombre, y probablemente dedicaría tiempo a interactuar con ellas y reconocer sus diferentes personalidades. A pesar de mis limitadas incursiones al mundo de los animales domésticos, no tengo dudas de que cada uno de ellos es un ser con un carácter especial, igual que cualquier humano, y que se relacionan con uno si uno quiere relacionarse con ellos. Como vivo en la ciudad, sin embargo, el sueño del gallinero propio y del queso casero está lejano (incluso utopico), y debo conformarme por mientras con huevos y quesos de otros campos, de gente en la que confío que trata bien a sus animales y les da una vida buena.

Pero esto para un vegano es insuficiente y es hipocresía. El ala más extrema del vegetarianismo, los veganos no consumen ni usan ningún producto de origen animal: en su dieta no hay huevos ni leche, ni siquiera miel; en su clóset no hay cuero ni lana ni seda ni piel; y en su botiquín no existen las cremas ni los cosméticos probados en animales. Si las razones de los vegetarianos son variadas, las de los veganos suelen reducirse a una: la creencia de que los animales son sujetos de derechos, con una vida autónoma e intereses propios, y que respetarlos significa abstenerse de explotarlos, ya sea para transformarlos en comida, ropa o incluso mascotas (la relación dueño-Bobbyffrecuentemente la consideran de subordinación y paternalismo inaceptable). Muchos veganos –y en esto algunos vegetarianos se les suman– añaden una consideración ambiental: la producción de carne es una de las industrias más contaminantes y menos eficientes que existe: no sólo dispara el cambio climático, con las altas emisiones de metano de vacas, ovejas y chanchos; también gasta cantidades absurdas de agua y requiere alimentar a millones de animales con productos vegetales que bien podríamos consumir directamente, como soya y maíz.

En general, los veganos son mucho más militantes que los vegetarianos. En Europa, algunos han terminado presos por atacar laboratorios donde se experimenta con primates, o por intentar secuestrar a los científicos responsables de éstos. Otros se dedican a tirarles baldes de pintura a las divas que osan aparecer en público con abrigos de piel, y hacen campañas públicas para acabar con el abuso en las granjas factorías, circos y zoológicos. En la Unión Europea sobre todo, estas protestas iniciales han gatillado cambios de leyes para beneficio animal.

Aunque simpatizo con la mayoría de las causas y de las razones veganas, creo que su visión de los animales como seres absolutamente independientes del hombre peca en parte del mismo individualismo que nos tiene fritos hoy. Concuerdo absolutamente en que uno no se come a los iguales, pero es un non sequitur negar que se pueda tener una relación amistosa con ellos: al contrario, creo que la vida se hace mucho más rica cuando aprendemos a relacionarnos con todo tipo de criaturas y no sólo con seres humanos. Por otro lado, comprendo sus razones para seguir esta línea extrema. En un mundo donde la igualdad humana apenas se respeta en el papel y poco o nada en la práctica, la igualdad animal parece una utopía irrealizable. Mostrar que no lo es y que luchar por ella radica en parte en cosas tan simples como nuestra dieta y nuestras opciones de consumo cotidianas suena a imperativo.

 

Esta columna también puede leerse en La Prensa Austral

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7 comentarios
  1. En realidad, el veganismo no está reñido con el contacto directo con los animales. Soy vegano y convivo con animales que de no haber sido acogidos habrían tenido una muerte segura. Prácticamente todos los veganos que conozco conviven igualmente con otros animales que ha vivido situaciones similares. No hay que confundir la ayuda inmediata y básica, con el futuro ideal en el que ellos no dependan de nosotros, que es algo completamente diferente.
    Un saludo.

  2. Vesna dijo:

    Antes de dejar de comer lácteos, huevos y miel, también pensaba lo mismo. De hecho, en un principio, me consolaba las ganas pensando que, algún día, tendría mis propios animales, obviamente rescatados, que me proveerían de huevos y leche sin remordimientos.
    El problema es que para tener leche, la hembra (sea vaca, cabra u oveja) tiene que tener una cría, y luego que hago con ella?
    Si solo fuera un animal mas, no habría problema. Pero no se si el periodo de lactancia se puede prolongar eternamente mientras se le saque leche a la madre, y si no es así, como mantengo tantos animales que no voy a vender ni a comer?

    Ultimamente he visto mucha información que dice que la leche, principalmente la de vaca, esta relacionada con muchas enfermedades actuales y que no es beneficiosa para los humanos, que los países desarrollados son los que tienen los indices mas altos de osteoporosis y que, en resumen, toda la información que dice que es necesaria, es una gran mentira. No me extrañaría viniendo de una industria tan poderosa y cruel.
    Pero, en general, es información cuyas fuentes son vegetarianas o defensoras de los animales. Y como soy bastante incrédula y desconfiada, no se si será solo un recurso para convencer a mas gente.

    Con respecto a los huevos… Tengo una prima que me trataba de convencer de que comiera los huevos de gallina feliz que ella compraba. Hasta que le pregunte, que pasa con los cientos o miles de gallinas felices cuando ya dejan de poner huevos? Acaso las van a seguir manteniendo como agradecimiento por los servicios prestados?
    Y ahora, que llevo un tiempo sin comer huevos, me daría un poco de asco comerlos.

    Por si no lo has visto, te dejo este link. Es un discurso de Gary Yourofsky, un activista vegano.
    Es muy entretenido de ver: http://www.youtube.com/watch?v=es6U00LMmC4

    Estuve ojeando otras entradas, esta muy interesante todo, así que volveré… :)
    Muchos saludos.

    • Gracias por los comentarios y por el link. Lo veré… en cuanto a los problemas que acarrea el consumo de lácteos, salió hace poco un documental que lo deja en evidencia: Forks over knives.

    • Vesna:
      Desgraciadamente, hay muchas maneras de desconsideración hacia los animales, aparte de los más básicos maltratos o injusticias. Lo que comentas, mantener a un animal y tomar sus huevos o leche… no deja de ser una forma de explotación; aparte de lo que mencionas de la madre y el ternero, el mismo hecho en sí, forma parte de un proceso de explotación. No tenemos que entender por “explotar”, el hecho en sí del maltrato explícito. El considerar a un animal la fuente de tus alimentos, es una falta de consideración hacia él y perpetúa la razón del problema más básico, que es el especismo. En este caso concreto, el razonamiento lleva a pensar que al ser tu “propiedad”, tienes derecho a hacer con el sujeto lo que creas conveniente, por el mero hecho de que entiendes que no lo estás maltratando, pero la cuestión de fondo es más profunda.
      La respuesta acerca de si la leche es verdaderamente necesaria, la puedes encontrar en el mismo organismo humano y en la naturaleza del hombre, único animal que se alimenta de la leche de otra especie, además, a lo largo de toda su vida, aun cuando ni siquiera esté en proceso de crecimiento. Pero la más obvia respuesta está en la cantidad de personas (muchas de ellas veganas, otras no) que viven sin ningún tipo de carencia prescindiendo de la leche. ¿Qué tiene la leche que no puedas conseguir en otro alimento? No hay ningún nutriente exclusivo.
      En cuanto a los huevos: usar el término “feliz” para denominar a un animal que vive en condiciones de esclavitud hasta su muerte (por mucho que lleve un sello “ecológico”, su vida es esa), sinceramente, creo que, deliberadamente, enmascara una realidad muy distinta. Además del obvio apunte que haces (claro, esas gallinas también acaban muriendo a manos de un matarife), hay que acordarse de sus hermanitos machos, que como son “inservibles” en la industria de las ponedoras, son automáticamente arrojados a la basura, cuando no son triturados vivos, al poco tiempo de nacer. Por no hablar del hecho en sí que, como en el caso de las vacas, resulta de tener al animal como tu propiedad, sin tener en cuenta sus intereses básicos. ¿Sabías que la gallina es un animal muy territorial y celoso y que es perfectamente consciente de cuándo le falta alguno de sus huevos? Entonces, pone en proceso a su cuerpo para poner otro huevo rápidamente, lo que escapa de su ciclo de vida natural. Esas gallinas “felices”, pese al nombre tienen una vida muy poco feliz, sufriendo, por cierto, numerosas enfermedades relacionadas con los huesos, que nunca tendrían si vivieran en completa (o relativa) libertad (enfermedades relacionadas con la vida que tienen y la alimentación que reciben).
      En realidad nombrar a esos animales como “alimentos felices” solamente sirve para que algunas personas se sientan mejor al alimentarse con ellos. Desgraciadamente esconden terribles consecuencias para los demás animales; a veces tan extremas, como las de los animales “infelices” (por poner un nombre a los que son criados en ganadería intensiva).
      Si es injusto y, además, innecesario, creo que está en nuestra mano tomar el camino correcto.
      Un saludo.

      • Respecto a la leche, concuerdo por completo en que es una muy mala costumbre occidental e innecesaria, algo que Freud debería haber estudiado: la negación del destete.
        Dicho esto, una de las dudas que tengo frente al veganismo completo (con todo lo que me simpatizan sus principios) es qué proponen como vida ideal para los animales que han sido domesticados hace miles de años y que están tan adaptados al hombre como el hombre a ellos. En el caso de los animales salvajes, es claro que dejándolos libres se les respeta, pero no me queda tan claro qué pasa con una gallina, una vaca, un quiltro, un gato… ¿qué significa para ellos vivir una vida sin dominación, libre? ¿Descartan los veganos incluso cohabitar con ellos, como se haría con un amigo humano? ¿Es aceptable tener una vaca o una gallina en el patio si no se les saca la leche ni los huevos, o ni esto vale?
        Y en cuanto a los animales para “ropa”, ¿es realmente explotación cortarle la lana a una oveja en verano y hacer chalecos con ella? No me parece más explotación que hacer pelucas con el pelo de alguien que decide cambiar de look.
        Por un asunto de escala, entiendo que los veganos rechacen en la práctica la idea de la domesticación, porque si cada uno de nosotros quisiera tener sus animales amigos, obviamente no resultaría. En principio, sin embargo, no me parece objetable. Al contrario, creo que preocuparse de los animales significa al fin asumirse como uno más, y entender que podemos establecer relaciones interpersonales con ellos. La idea de separar a los animales por completo del hombre y “dejarlos tranquilos” me parece que se basa en una idea errónea de lo que somos y de nuestro lugar en la naturaleza… Igual me gustaría saber mejor qué es lo que los veganos imaginan como el lugar “correcto” de estos animales en nuestro mundo.

  3. Vesna dijo:

    No creo que el veganismo descarte el cohabitar con animales rescatados de una vida miserable (calle, criaderos, mataderos, etc)
    Falta muuucho para que ya no haya animales en estas condiciones.
    Con respecto a la oveja, el problema es que mientras un animal produzca un beneficio para el ser humano, será visto como un producto y su bienestar pasa a segundo plano.
    Finalmente el problema de fondo es que existe el dinero.

  4. Alejandra:
    Como ya comentamos Vesna y yo, el veganismo no está reñido con la convivencia con otros animales. Solamente hay que hacer una clara diferencia entre el capricho de tener tu propia mascota (comprar o incluso adquirir por adopción, mientras el fin sea únicamente tu propio interés sobre el del otro animal) y ayudar a un animal necesitado.
    Respecto a la vida animal ideal, no existe una versión “oficial” del veganismo en este punto. Hay veganos que están de acuerdo en hacer lo que esté en su mano para evitar todo sufrimiento, incluso si la manera oportuna es entrometerse en el ciclo natural del cazador y su presa, evitando que incluso los carnívoros pudiesen terminar con sus vecinos herbívoros, planteando alternativas para que no haya asesinatos si tan siquiera en el hábitat salvaje, sin provocar –es importante aclarar este aspecto- por ello la muerte de los depredadores, sino cambiando su estilo de vida (este tema es demasiado largo y controvertido para exponer por aquí, solo quiero plantear la existencia de dicha idea). Pero por lo general, creo que los veganos, a día de hoy, se conformarían con que el hombre no tratase a los otros animales como sus pertenencias, sencillamente dejándoles vivir sus vidas. Esto no tiene por qué ser una vida ideal, ya que la naturaleza plantea muchos peligros y no somos los únicos depredadores, pero sin duda somos la mayor amenaza de todas, la más ilógica y la más terrible.
    El veganismo no descarta convivir con animales anteriormente domesticados para su explotación; el ejemplo está en los numerosos santuarios donde conviven diversas especies que, en su día, fueron víctimas de la explotación humana y han tenido la suerte de llegar a un lugar donde serán respetados como individuos de forma absolutamente desinteresada (este desinterés, por supuesto, incluye no tomar de ellos leche, huevos, pelo, etc.)
    En cuanto al ejemplo que planteas de la lana, creo que no es suficientemente real (volvemos al concepto de “explotación feliz”). Como dice Vesna, el concepto de animal considerado producto del que obtener provecho debería ser suficiente para aclarar este aspecto, pero es que, además, en el ejemplo que planteas equiparas lo que un humano hace con un animal (es decir, consideración de animal como producto), con lo que un humano haría consigo mismo por decisión propia. Obviamente no existe ningún dilema moral en vestir una peluca con pelo humano, siempre que el sueño del pelo haya decidido entregar libremente su cabello. No es el caso de lo que hacemos con lo animales. Por cierto, las ovejas criadas para obtención de lana sufren de diversas formas –además de la falta de libertad y finalmente con la muerte- la cría (un solo ejemplo: la piel de su cuerpo forma exageradas ondulaciones –a más piel, más “producto” para el hombre-, de modo que hemos ha sabido “generar” razas de las que aprovecharnos al máximo, provocando consecuencias en forma de heridas y horribles cortes cuando es trasquilada).
    Tras aclarar que no hay una versión oficial del veganismo (no somos ni una secta, ni un partido político, solamente nos regimos por una serie de principios éticos bastante básicos, luego cada cual continúa su camino como cree que es más positivo para los otros animales), de momento sabemos que los animales criados en explotaciones no van a ser puestos en libertad de un día para otro, sino que es un largo camino por el que debemos avanzar durante mucho tiempo. Esto quiere decir, también, que es muy poco probable que el hombre deje de forma radical de utilizar a los animales de un día para otro. De modo que lo más sencillo, en mi opinión, es educar para mostrar que ese camino existe y, de hecho, es nuestra obligación moral no mirar para otro lado. Los animales domesticados que ya no fuesen explotados más, no serían criados por el hombre, de modo que su número disminuiría considerablemente. En algunos casos se plantea el caso de que especies concretas corran el peligro de extinguirse, sin embargo, más allá de que ese peligro sea más o menos real, el verdadero mal que se esconde tras la existencia de un animal es su vida de explotación, falta de disfrute y muerte, más allá de la perpetuación o desaparición de su especie en concreto.
    Un saludo.

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